domingo, 27 de noviembre de 2011

Mi último deseo

Bueno. Creo que es momento de cambiar. Me iré de casa, lejos de tí, trabajaré, terminaré la carrera, y tal vez en un futuro no muy lejano termine sola, viviendo en un departamento barato, con un trabajo mal pagado y acompañada solo de mi gato. La vida  como siempre había la imaginado. Aun así creo que llegó el momento de ser más honesta contigo, hoy más que nunca. Note que estabas molesto, no t culpo. En realidad es culpa mía. Jamás debí dejar de verte como alguien más que a un amigo. ¿Recuerdas la última noche de primavera en que me visitaste? ¿Ese día en que te platiqué que creí estar embarazada por primera vez? Te abrasé y dije al oído ser la mujer más feliz del mundo. Era verdad. De hecho jamás había sido más feliz en mi vida. Caminamos juntos alrededor del parquesillo que estaba a unas cuadras de mi casa. De regreso, rodeaste con tus brazos mi cintura y me susurraste al oído "mi dulce esposa". Aunque no lo demostré, sentía que el corazón me rompía el pecho y que me estremecía por completo. Nos sentamos frente a la iglesia, te conté mi patético plan para educar a mi hijo y dijiste que al ver la forma de pensar que tenía te estabas enamorando, pero, que más, yo ya me había enamorado de tí desde hace mucho tiempo.
Dejamos de vernos como dos meses más o menos y cuando por fin regresaste a verme te dije que salía con alguien más. En realidad no era del todo falso, pero ese alguien no era mi novio y jamás estuve con él. A la semana siguiente lo deje de ver, puesto que pensaba solo en ti, y en la nueva oportunidad que se miraba no muy lejana. Las siguientes veces que nos encontramos fueron hermosas. No había sido más feliz en mi vida. Cada vez que te veía te deseaba más. No se trataba solo del sexo (aunque probablemente piensas que es así), se trata de ti. Nunca había conocido a alguien como tú. Sólo contigo puedo ser quien soy en realidad; no necesito aparentar que me importa tal o cual cosa, y a veces ni siquiera pensar en lo que estoy diciendo. No me interesa que te agrade otro tipo de música, o la manera en la que todos me hablen de tí; porque sé que siempre eres más que eso. A las personas con las que estuve antes, las amé antes de admirarlas o conocerlas. Aunque, en realidad solo fue una. Pero si recuerdas, aún antes de besarte por vez primera te dije que me parecías un alguien maravilloso e incomparable; tu respuesta fue que no te conocía lo suficiente; y aunque en ese momento tenías razón, sabía que había mucho que esperar de ti. Caundo te vi mal, y me acerqué a ayudarte, me miraste con una mirada vacía, suplicante, pero era evidente que en ese mal  omento no me querías junto a tí. Lamento no haber sido más insistente.
Te volví a ver al día siguiente, y traté de fingir que no lo notaba; aunque bien recuerdo que no pude poner atención a las cosas que hice en todo ese día. Solo pensaba en aquellos ojos tristes. Quería hacer algo al respecto, pero parecía no haber oportunidad para acercarme a tí, y tal vez ya te habías dado cuenta, mi manera de lidiar con el dolor es con el rechazo; finjo que no existen las cosas, personas o problemas para dejar de llorar por los males del mundo. Durante más de un semestre no supe cuál sería tu reacción al tratar de volver a hablarte, pero no sabía qué hacer. Estar con otras personas me hizo bien me hizo bien, sólo durante un tiempo. Y cuando por fin volvimos a hablar fue un alivio.
Cuando me alejé de aquel lugar en el qye te conocí imaginé que se me pasaría pronto, me convencí de que sólo habías sido una etapa que pronto olvidaría. Pero no fue así. De alguna manera seguimos viéndonos, y en cada visita traté de acercarme a ti, y pronto, tras años pasó lo que en algún momento debía pasar, aunque más bien creo que tardo mucho en suceder. Me hubiera gustado que hubiera durado y madurado más, no adelantarme a tus planes, o haberme ido contigo cuando me pediste que te lo hiciéramos.
A veces, me reprocho a mí misma por no estar esperando un hijo tuyo, y por favor, no me odies por lo que voy a decir, pero en algún momento consideré esa posibilidad tan sólo para poder estar cerca de tí, si no casada, sabría que mínimo te vería por el resto de mi vida, cuando fueras a visitar tu hijo; aunque tuvieras otra familia, otra mujer, otra vida. Me he acostumbrado a ser tan insignificante en la vida de los demás que me hubiera conformado sólo con eso.
Aún con todo esto, me siento afortunada de haberte conocido, y te agradezco el haberme permitido compartir los momentos más felices de mi vida contigo, y formar parte de ellos. ¿Sabes? Mi más grande fantasía la tuve a los diez años. Vi una película (no recuerdo cual) en la que la protagonista se acostaba en un sofá, con la pareja amada, durante la lluvia y con jazz de fondo. Dije que algún día yo haría eso con un chico, pero sólo uno al que quisiera lo suficiente. Y cuando cumplí los quince le añadí sexo a media luz, con el hombre al que me entregaría por primera vez. Creo que esa parte no la respete del todo, pero si fue con el hombre al que amaba. De verdad, desee que esa tarde fuera eterna, que la lluvia nunca cesara y sentir el calor de tu cuerpo desnudo por siempre, hasta el fin de mis días. Y cuando propusiste que lo intentáramos de nuevo, darnos otra oportunidad como pareja, ¡vaya!, jamás había experimentado tanta emoción. Todo lo que te dije esa tarde fue cierto. Que te amaba y que quería pasar el resto de mi vida contigo. Sigue siendo cierto, y aún hay más. Sé que nadie trataría día a día de hacerte el hombre más feliz del mundo, que cambiaría todo por lo que tú me pidieras. Que en las mañanas al despertar a tu lado sería la mujer más afortunada en el mundo, que en cada beso te regalaría mi vida, que nadie amaría más a tus hijos que yo. Que en cada noche sería exactamente quien tú quisieras, y que sin importar lo que pasara jamás me iría de tu lado. Y por eso, porque te amo entiendo que no me quieres en la forma que yo te quiero a ti, y respeto eso.
Sólo quisiera no sentir más esto, y que volviéramos a ser solo amigos, como antes. Pero es tarde. Lo que ha pasado, ha pasado, y es imposible retroceder. Como me hubiera gustado no insistir. Como me hubiera gustado que me hubieras dado una oportunidad.
Lo que más lamento de esto es que tal vez después de esto no me quieras volver a ver. Lamento haber echado a perder esto. Mi otra fantasía alternativa acerca de nuestro futuro era sentados frente a un comedor viejo, platicando sobre los buenos tiempos, el último pleito con nuestros hijos, recordando el día en que murió mi esposo y ofreciéndote una taza de avena frente al televisor, mirando programas viejos por la televisión. Pero sobretodo hablando con el que algún día se convirtió en el amor de mi vida y que termino por ser mi más grande amigo, el que me presto dinero cuando mi loco marido hipotecó la casa y al que aún le debo lo de la universidad de mi hija y que no me lo recuerda porque soy la única que no regatea para cambiarle la bolsa de tu diálisis cuando tu esposa sale de viaje a visitar a tus hijos.
Hubiese sido lindo. Pero como ya lo he dicho antes, soy lo bastante estúpida como para no poder conformarme con lo poco que ya tenía a tu lado, para toda una vida. Lo que te propongo es simple. No quiero que me vuelvas a hablar si no quieres, solo de vez en cuando te escribiré cosas que sucedan el la vida con la vida para que sepas que aún existo. No contestes. Sólo diviértete leyendo mis locuras y ocurrencias. Por ahora sólo me queda saber una cosa; saber si aún tengo motivos para quedarme en este mundo. Si sale mal haré algo al respecto. No espero que mi vida sea más miserable de lo que ya es. Trataré de no alargar mi camino al infierno, no sufrir ni hacer sufrir a los demás. Si llega a pasar, perdóname. A mamá la quiero y admiro más que a nadie. A papá, el hombre más importante de mi vida, lo amo con todo mi corazón. A mi fea hermana la quiero como no tiene idea, y volvería a ponerme ante alguien más que quisiera hacerle daño sin pensarlo dos veces. A ti te amo, como jamás he amado a alguien en la vida y te juro que eso no cambiará durante mucho tiempo. No pretendo darte lástima, ni convencerte de que me regales otra oportunidad, sólo espero que seas feliz por siempre. Tú sabes bien que puedes.
Por último quiero volverte a agradecer por hacerme la persona más feliz del mundo con lo que me has permitido compartir contigo, en un tiempo que me pareció eterno. Sabes, siempre he querido morir como él dice aquel poema de Manuel Gutiérrez Nájera:
Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Si bien no tengo dinero para llegar al mar tan solo para morir y no quiero causar más líos, cambiaría eso por morir entre las bellas notas de una canción, mi canción. Aquel parque me dejó marcada, y agradecería infinitamente que mis cenizas descansaran en las raíces del majestuoso árbol junto al kiosco, frente a la vieja fuente, por los siglos, hasta que viento acabe con todo lo que conozco. Te amo, eso nunca lo olvides, nunca. Lo que pediría a Dios en este momento (si es que existiera) sería sentir por vez última tus labios y sentir el latido de tu corazón en mi pecho, y de nuevo el calor de tu cuerpo. Pero uno nunca obtiene lo que desea. Gracias por hecerme vivir en el tiempo en que te conocí, pues hay quienes dicen que sólo el verdadero amor y el dolor son los mayores indicios de uqe la vida existe. Sólo dejame regalarte un último beso, y en él, el último soplo de mi alma, entrear a tus brazos lo que queda de calor en mi cuerpo, que mis ojos se lleván al otro mundo lo que en la vida para mí fue lo más bello, y que mi corazón, en su último latido te grite "te quiero".

 

Aún no es tarde...

Pero a pesar de todo no es tarde, no despues cuatro años, dos hijos, en la noche, mientras vuelves del trabajo con la camisa afuera, un pantalon mal ajustado y me dices con una vacia mirada: "no eres tú, soy yo..." mientras dejas caer un ramo de flores medio muertas en la mesa, mientras mi corazón se quiebra en mil pedazos, y mis pies me traicionan dejandome caer al suelo, mientras mi garganta ahoga el agudo grito, el grito del dolor, del miedo, de la soledad... Ante un futuro inmenso, donde aún nada esta escrito, donde tu nombre y memoria son las que me tienen en vilo. No es tarde para decir que te marches, que vayas con ella, que me dejes, que la vida me ha jugado mal y estoy dispuesta a enfrentarla; aunque bien sepa que ya estoy derrotada, que mi esperanza ha muerto, que mi motivo para vivir se ha ido. Entonces los tomaría a ellos, a las´pequeñas partes de tí con las que me he quedado, llevando del brazo a cada uno, a un mundo que descubriremos juntos. Solo entonces te agradezco, y digo que aún no es tarde, vete ahora, antes de que pase el tiempo, el que no duda en cambiar la vida de quien ha puesto su suerte en sus manos...

viernes, 17 de junio de 2011

El sitio aquel que llaman Luz

Sabemos bien que no,
que no vendrá de allá
-del sitio aquel que llaman luz-
la claridad.
Yno hablamos de ciudades
que por debajo de las noches
hasta crecen.

nosotros andamos tentaleando
con todos los sentidos,
como si sólo así pudiéramos tocar
incluso la palabra.

no nos fingimos ciegos
para avanzar la mano
buscando la salida
hacía un día que no nos pertenece.

Nuestros pasos tratan de llevarnos
hacia los otros
que tambien caminan.


Por algo hemos vivido
hasta subirnos a este ahora.
Por algo que va dejando en nuestra cara
una manera más nosotros.
El color se nos vuelve casi igual
al de los esos sitios donde hicimos
auqellas cosas más de uno.
Somos como los árboles, crecemos
porque le hacen falta al mundo
los nidos de la altura.
Así que qué de malo tiene
irse volviendo
la sombra de uno mismo.
Hemos vivido
no únicamente de algo nuestro.
Quien escuche no sólo su silencio
que lo entienda.
Que no se queme el sueño
antes de que amanezca
en las oscuras llamas
de la resignación,
que el niño enfermo escuche
las voces de otros niños;
no venga a reclamarlo
-con su guadaña gris-
la indiferencia.
Recuerde el pájaro más bello
de la noche
el mejor canto
para llamar la claridad.
Que traiga el ese día
lo que le falta a este.
Y que alguien acompañe
este ruego tan solo.



Delante de esta tierra casi seca,
no podemos mentir sino al contrario:
Sabemos bien que muchos han pensado
en lo baldío como algo conquistable.
No se imaginan lo que pesa el horizonte.
Si tocaran este aire tan viscoso
no sólo con la mano,
tal vez entenderían
que nada depende
únicamente de sí mismo.
Que ¿cómo es que podemos todavía
a ratos ser felices?
Miren atrás, allí
donde la luz no toca nuestras sombras:
nunca olvidamos que también
nosotros somos el paisaje.



He venido desde allá,
del otro lado de mí mismo,
repitiendo y repitiendo
que me escuchen.

Sólo he podido convencer
a algunos pocos;
y eso ha sido suficiente
para que pueda continuar
recordándoles a otros
lo de siempre.

He tratado de decir con claridad
lo que les digo,
aunque entiendo
que podrá parecerles poca cosa.
Y quizá nunca he logrado
que ni con gritos se comprenda.

Pero si tampoco así me escuchan:
al menos mírenme.

Ángel Carlos Sánchez


lunes, 7 de febrero de 2011

Pájaros en la cabeza


Miraba a la ventana y soñaba con ser un astronauta pisando la luna
y el cielo lo cruzaban galeones, delfines, cometas, falúas.
Y en la pizarra el profesor dictaba los teoremas.
En su cabeza sonaba el canto de un gorrión, pájaros en la cabeza.
Salía siempre tarde castigado por no estar nunca donde debiera
y en casa le esperaban el tedio y la comida servida en la mesa.
De fondo el rumor de un televisor y madre suspirando.
"¿Dónde andas hijo mío? Siempre en las nubes," y nadie escucha el telediario…
El tiempo pasó y todos crecimos
-bueno, no todos, algunos seguían
mirando por la ventana y sobrevolando
la moqueta azul de la oficina.
En el trabajo aún se perdía
en las selva de sus sueños
y un grito le nombraba, le arañaba
y rompía el dulce sortilegio.
Madre aún seguía sirviendo la sopa,
"¿Cuándo sentarás la cabeza?
Un día la abriremos y bandadas de cotorras
escaparán de ella".
Él sonreía sin dejar
de mirar por la ventana,
soñando mundos mejores,
lluvias que caían sobre parejas que se amaban,
claveles en los fusiles,
barcos que sueltan amarras,
luces de faros, besos de mujeres que nunca,
nunca le miraban.
Una mañana de enero nuestro hombre
se subió a lo alto de la Torre España
para ver si al morder el azul gris del cielo
los pájaros callaban.
Mirando absorto la ciudad,
ni el rumor de su pecho escuchaba,
ni a madre, ni al televisor, ni a la oficina,
sólo un lejano batir de alas.
Cuando nos quisimos dar cuenta
nuestro chico había desaparecido.
Nadie en lo alto de la torre lo vio abandonar
la sombra gris del edificio.
Nadie lo vio caer al suelo,
nadie oyó sus carcajadas,
sólo el sonido de cien pájaros -o alguno más-
escapando de sus jaulas.
Nada se supo de este soñador,
del canto de sus aves,
hasta que llegaron cartas, retazos de sus alas
en forma de postales.
Pájaros en la cabeza y volar
a donde las ventanas siempre están abiertas,
donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir.
Pájaros en la cabeza y soñar
que aún contaré relámpagos contigo,
aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.

Ismael Serrano


Para entonces

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, triste, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.


Manuel Gutierréz Nájera